Francisco Rangel Escobar

Francisco Rangel Escobar

Si tuviera que escoger dos ritmos latinoamericanos que han jugado un papel importante en el desarrollo cultural, musical e histórico de diversos países, escogería sin lugar a duda al son cubano y a la cumbia.

Musicalmente el son ha tenido un impacto mundial comparable al jazz; ambos tradujeron técnicas y estructuras rítmicas africanas a un lenguaje más melódico. Lo que en los 70 llamaron salsa en Nueva York, no era más que un cambio de nombre (o para algunos un robo) del son montuno (con elementos del mambo y de la guaracha) que en Cuba se tocaba desde finales de los años 40. La clave, el tumbao de tumbadoras y de piano son elementos usados en muchos otros estilos musicales en el mundo.

A pesar de que la cumbia no ha tenido este éxito internacional, en muchos países de Latinoamérica, ha jugado un papel cultural y social mucho más importante que el del son. En lo que serán probablemente cuatro partes de este tema, se desarrollará como este ritmo se fue incorporando a la sociedad mexicana, explica Francisco Rangel Escobar.

El camino que ha tomado la cumbia en México se mantiene fuerte con muchísimos grupos que  tienen a la cumbia como garante de su éxito, y si bien, hasta los artistas más plásticos del pop tienen una cumbia en su repertorio, no hay una forma de definir a la cumbia mexicana con un sonido particular como el que tiene claramente identificado la antigua cumbia colombiana o la peruana. En todo caso, la cumbia mexicana, es un rico y gran abanico de posibilidades, variantes, como la tecnocumbia, la andi-mex, sonidera, norteña, rock, etc.

Son muchos estilos, ritmos e interpretaciones que han sido éxito no solo en nuestra nación si no también en países de centro, sur de América y Europa. Todos en su conjunto podrían considerarse como “cumbia mexicana” por haberse gestado en el país azteca.

Por Francisco Rangel Escobar