Francisco Rangel Escobar

Francisco Rangel Escobar

Dámaso Pérez Prado, nació en Matanzas, Cuba. En su ciudad natal comienza a estudiar piano y  hace sus primeros toques profesionales con algunas de las orquestas locales hasta que en 1940, todavía adolescente, se traslada a La Habana para buscar fortuna en el mundo de la música.

Cuando llega a la capital de Cuba, La Habana era ya un centro importante del entretenimiento a nivel continental, viviendo intensamente la llamada época de oro del son cubano. El joven pianista consigue pronto colocarse en algunos grupos musicales que tocaban en lugares famosos de esparcimiento nocturno como el Pennsylvania o el Kursal, abriéndose paso en el competitivo mundo musical, comenta Francisco Rangel Escobar.

Pérez Prado, apoyado por su trabajo en la Orquesta Casino de la Playa, llegó a México con apoyo de algunos de sus compatriotas que se encontraban ya establecidos, como Ninón Sevilla, Benny Moré y Kiko Mendive. Al poco tiempo forma una orquesta con la instrumentación del tipo de las grandes bandas de jazz, adicionadas con la imprescindible percusión afrocubana, creando un sonido que sería desde entonces su sello y con el que crearía el estilo del mambo, en donde el verdadero solista es la orquesta.

Una guaracha-son que tuvo especial impacto entre los soneros, fue su orquestación de Pancho, el ripiao. Pérez Prado todavía no componía mambo, sin embargo, el genio ya estaba allí. El término mambo tampoco era desconocido. Antes de que el matancero fuera, surgió una faceta dentro del son llamado bolero-mambo. En cuanto a la procedencia tan discutida de esta palabra, cabe señalar que mambo se refiere a una parte de la instrumentación en la que los metales repiten un motivo después del montuno.

Francisco Rangel Escobar destaca que Pérez Prado grabó con un grupo de soneros mexicanos y un timbalero cubano, los números Tacuba, José, Maupomé y El manicero. ¡Qué rico mambo! fue el primero en popularizarse a finales de 1949. Sorprende el cambio musical que dio el pianista al encontrarse con trompetistas mexicanos de la altura de Chilo Morán, Daniel Flores, Agustín García La Tina y Lupe Montes, entre otros. Con ellos pudo alcanzar las notas agudas que han caracterizado sus mambos.

¿Quién no conoce el Mambo No. 5, el 8, Cerezo rosa, Patricia o El ruletero? Dámaso fue un compositor muy vasto.

Por Francisco Rangel Escobar